Leticia y Flavio, unidos por la reforestación
Nunca es tarde para empezar a reforestar. En Ecuador, una pareja de esposos que se dedican a la agricultura ahora plantan árboles. Su pensamiento a largo plazo se ha desarrollado y sus ganas de cuidar el ecosistema ecuatoriano crecen con el pasar de los días. Ellos son un ejemplo de vida, pues han decidido apostar por el medio ambiente, en tiempos de violencia y decepción. Y es que los taladores de árboles continúan con su mafia en el bosque aledaño. Mientras algunos asesinan a los gigantes de madera, Leticia y Flavio siembran vida.
Leticia Martínez Rodríguez, de 56 años, y Flavio Rodríguez Martínez, llevan más de treinta años de casados y son dueños de una parcela que hasta el año pasado solo les servía para cosechar tubérculos y frutos que utilizaban para el consumo. Ellos no miraban hacia el futuro, pues ignoraban que cada diez metros se puede plantar un árbol.
“Aquí convivimos con la naturaleza, estamos alejados de los edificios y la tecnología, preferimos estar así, pero jamás imaginamos que podríamos salir de la pobreza gracias a la plantación de árboles. Hemos sembrado 100 laureles en nuestras tierras y serán maderables en 12 años. Con los seminarios y capacitaciones hemos aprendido a pensar a futuro. No queremos ser solo taladores, planeamos seguir reforestando porque lo más importante es cuidar el ecosistema”, expresa Flavio.
Estos ecuatorianos que viven en el cantón de Zumba han dejado de ser campesinos de capacidades limitadas, para convertirse en administradores de una parcela agroforestal. Flavio y su esposa ahora conocen tecnología agrícola, preparan bioles orgánicos y siembran árboles en tubetes, que reemplazan a las bolsitas negras que antes cobijaban a los plantones bebés. A ellos todo les parece nuevo, a pesar de vivir toda su vida en este cantón.
Flavio cuenta que sus conocimientos agrícolas se los está transmitiendo a sus hijos. “La idea es que todo lo aprendido con los ingenieros capacitadores se pueda compartir con los menores. Ellos quizás lleguen a administrar todo lo que nosotros sembramos. Lo más importante es que no talen sin sembrar. Nuestros bosques están siendo depredados por mafiosos que no tienen políticas de plantación, eso sí es negativo”, exclama este hombre que ha aprendido a respetar a la naturaleza.
Su parcela habla también por Flavio. Los laureles, plantados el año pasado, lucen de un metro, aún con el tallo delgado. Pronto esos árboles empezarán a crecer y, con el transitar del tiempo, serán adultos. Entonces la sombra que generan servirá para cubrir de sol a algunos cultivos que sobreviven en clima templado. “La parcela agroforestal significa utilizar la naturaleza como medio para generar cultivos alternativos”, ilustra Flavio y luego se interna en el medio del bosque.
El bosque es propiedad del Estado, eso lo sabe Flavio, sin embargo él anhela que su parcela destaque entre toda la vegetación. Sabe que para ello deberá trabajar mucho. “Aquí tengo a mi esposa y a mis hijos. Todos estamos dispuestos a reforestar”, finaliza Flavio, quien se ha convertido en un promotor ambiental.
Nunca es tarde para empezar a reforestar. En Ecuador, una pareja de esposos que se dedican a la agricultura ahora plantan árboles. Su pensamiento a largo plazo se ha desarrollado y sus ganas de cuidar el ecosistema ecuatoriano crecen con el pasar de los días. Ellos son un ejemplo de vida, pues han decidido apostar por el medio ambiente, en tiempos de violencia y decepción. Y es que los taladores de árboles continúan con su mafia en el bosque aledaño. Mientras algunos asesinan a los gigantes de madera, Leticia y Flavio siembran vida.
Leticia Martínez Rodríguez, de 56 años, y Flavio Rodríguez Martínez, llevan más de treinta años de casados y son dueños de una parcela que hasta el año pasado solo les servía para cosechar tubérculos y frutos que utilizaban para el consumo. Ellos no miraban hacia el futuro, pues ignoraban que cada diez metros se puede plantar un árbol.
“Aquí convivimos con la naturaleza, estamos alejados de los edificios y la tecnología, preferimos estar así, pero jamás imaginamos que podríamos salir de la pobreza gracias a la plantación de árboles. Hemos sembrado 100 laureles en nuestras tierras y serán maderables en 12 años. Con los seminarios y capacitaciones hemos aprendido a pensar a futuro. No queremos ser solo taladores, planeamos seguir reforestando porque lo más importante es cuidar el ecosistema”, expresa Flavio.
Estos ecuatorianos que viven en el cantón de Zumba han dejado de ser campesinos de capacidades limitadas, para convertirse en administradores de una parcela agroforestal. Flavio y su esposa ahora conocen tecnología agrícola, preparan bioles orgánicos y siembran árboles en tubetes, que reemplazan a las bolsitas negras que antes cobijaban a los plantones bebés. A ellos todo les parece nuevo, a pesar de vivir toda su vida en este cantón.
Flavio cuenta que sus conocimientos agrícolas se los está transmitiendo a sus hijos. “La idea es que todo lo aprendido con los ingenieros capacitadores se pueda compartir con los menores. Ellos quizás lleguen a administrar todo lo que nosotros sembramos. Lo más importante es que no talen sin sembrar. Nuestros bosques están siendo depredados por mafiosos que no tienen políticas de plantación, eso sí es negativo”, exclama este hombre que ha aprendido a respetar a la naturaleza.
Su parcela habla también por Flavio. Los laureles, plantados el año pasado, lucen de un metro, aún con el tallo delgado. Pronto esos árboles empezarán a crecer y, con el transitar del tiempo, serán adultos. Entonces la sombra que generan servirá para cubrir de sol a algunos cultivos que sobreviven en clima templado. “La parcela agroforestal significa utilizar la naturaleza como medio para generar cultivos alternativos”, ilustra Flavio y luego se interna en el medio del bosque.
El bosque es propiedad del Estado, eso lo sabe Flavio, sin embargo él anhela que su parcela destaque entre toda la vegetación. Sabe que para ello deberá trabajar mucho. “Aquí tengo a mi esposa y a mis hijos. Todos estamos dispuestos a reforestar”, finaliza Flavio, quien se ha convertido en un promotor ambiental.

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